
“Entre todas las plañideras había una que era elnon plus ultra del género y que sólo se dignaba asistir en entierro de gobernador, de obispo o de personajes muy encumbrados. Distinguíase con el título de la llorona de Viernes Santo , pero el pueblo la llamaba con otro nombre que, por no ruborizar a nuestras lectoras, dejamos en el fondo del tintero”.
José María Figueroa Oreamuno (1820-1900)